La paradoja del Mundo Pequeño

Este verano tuve la suerte de empezar con una lectura que vengo posponiendo hace tiempo, Seis Grados de Separación de Duncan J. Watts.

9788449317729Cuenta, no solo parte de la historia del estudio de las redes sociales sino, algunos anécdotas interesantes como el del experimento realizado por Stanley Milgran (si, el mismo que hizo los experimentos de obediencia a la autoridad en el contexto de post segunda guerra mundial) sobre la conjetura del mundo pequeño: A saber, aquella que dice que todos estamos conectados a través de solo algunos pocos pasos de cualquier otra persona en el mundo a través de amigos de amigos de amigos…

En 1967, el psicólogo social Stanley Milgram llevó a cabo un sorprendente experimento. Milgram estaba interesado en una hipótesis que aun no había llegado a resolverse y que circulaba entre la comunidad sociológica de la época. La hipótesis era que el mundo, considerado como una red enorme de relaciones sociales, era en cierto sentido pequeño, es decir, se podia llegar a establecer contacto con cualquier persona del mundo a través de una red de amigos realizando solo unos pocos pasos. Esta hipótesis no testada se denominó el problema del mundo pequeño, según se cuenta por aquella divertida historia de un coctel en que dos personas que no se conocían de nada descubren que tienen un conocido común y acaban exclamando: “Parece mentira lo pequeño que es el mundo!” y entre parentesis algo que a mi me sucede a menudo.

    En realidad, el comentario del coctel no refleja el mismo problema que el del mundo pequeño estudiado por Milgram. Solo una pequeña cantidad de personas en el mundo pueden tener conocidos comunes, y el hecho de que nos de la impresión de que nos topamos con ellas con asombrosa regularidad tiene mas que ver con nuestra tendencia a prestar atención a aquellas cosas que nos sorprenden que con las redes sociales. Milgram, en efecto, quería demostrar que aún cuando yo no conozca a nadie que le conozca a usted aún conozco a alguien que conoce a otro alguien que conoce a alguien mas que si le conoce a usted. Y la pregunta que Milgram se hacía era: Cuantos alguien hay en la cadena?.

    Para responder a esa pregunta, Milgram ideó una técnica innovadora de transmisión de mensajes que aún hoy se conoce como el método del pequeño mundo. Repartió una serie de cartas a unos pocos centenares de personas seleccionadas al azar en la población de Boston y Omaha (Nebraska). Las cartas debían llegar finalmente a un único destinatario, un corredor de bolsa afincado en Sharon Massachusetts y que trabajaba en Boston. Pero con las cartas Milgram estableció también una regla insólita. Las personas a quienes había entregado las cartas solo las podian enviar a alguien con quien se tuteara. Sin duda, si se daba el caso de que conocían a la persona destinataria final, se la podían enviar directamente. Pero si, como era mas probable, no lo conocían, tenían que enviar la carta a alguien a quien si conocieran y creyeran de un modo u otro estaba mas cerca del destinatario final.

    En aquella época Milgram era profesor en Harvard de modo que, como es lógico, consideraba el área del gran Boston como el centro del universo. Y que podía estar mas lejos de ese centro que Nebraska? No solo en términos geográficos, sino también desde un punto de vista social, el medio oeste parecía increiblemente remoto. Cuando Milgram preguntaba a los alumnos cuantos pasos creían de darse para hacer que la carta fuese de un lugar a otro, la mayoría consideraba que varios cientos. El resultado era mas bien 6 (Un resultado tan sorprendente en aquella época, que condujo a acuñar la frase “6 grados de separación” que John Guare aprovecho como título de su obra de teatro estrenada en 1990 y que ha generado toda una serie de juegos de salón por no mencionar el número incontable de conversaciones en cocteles y fiestas).

    Pero por que el halllazgo de Milgram resultaba tan sorprendente? Si el lector tiene inclinaciones matemáticas podría imaginar el siguiente experimento imaginario, tal vez incluso hacer un dibujo como el reproducido en la figura. Imaginemos que tenemos 100 amigos, cada uno de los cuales tiene asi mismo 100 amigos. Así, a un grado de separación, me puedo relacionar con cien personas, y en dos grados, puedoo llegar a contactar con 100 veces 100, es decir, con diez mil personas. Con tres grados de separación, tengo un millón de personas a mí alcance, y en cuatro grados, casi cien millones; en cinco grados a casi nueve mil millones. Dicho de otro modo, si toda persona en el mundo tiene solo cien amigos, completando seis pasos, puedo relacionrme con la población entera del planeta. Este es un modo quizás de hacer evidente que el mundo es pequeño.

ego    Si el lector, en cambio, tiene alguna inclinación por las ciencias solciales ya habrá reparado en el funesto defecto que vicia este razonamiento. Cien personas son muchas personas para pensar en todas, de modo que pensemos solo en diez de nuestros mejores amigos y preguntemnos quienes son esos diez mejores amigos. Lo mas probable es que muchos de los que sugiramos sean amigos de las mismas personas. Esta observación resulta ser un rasgo casi universal no ya de las redes sociales sino de las redes en general. Muestran lo que denominamos agrupamiento, que en realidad es lo mismo que decir que los amigos de la mayoría de las personas son en cierta medida amigos entre sí. De hecho las redes sociales se asemejan mas a lo representado en la siguiente figura.

grupoTendemos no tanto a tener amigos como grupos de amigos; cada grupo se asemeja a un pequeño agrupamiento basado en la experiencia, el lugar, o los intereses compartidos por sus miembos y se unen entre ellos por los recubrimientos que se crean cuando los individuos que figuran en un grupo también pertenecen a otros grupos. Estas características de las redes tiene especial relevancia para el problema del pequeño mundo por que el agrupamiento genera redundancia. En particular, cuántos mas amigos nuestros se conocen unos a otros, menos útiles nos resultan a la hora de hacer que un mensaje llegue a alguien a quién no conocemos.

    La paradoja de las redes sociales que el exprimento de Milgram ponía de manifiesto consiste en que, por un lado, el mundo esta muy agrupado, pero por otro lado, aun nos las podemos ingeniar para establecer relación con cualquiera otra persona en tan solo unos pasos de media. Si bien la hipótesis de mundo pequeño que planteo Milgram se ha mantenido en pie por mas de tres décadas, sin ser blanco de grandes objeciones, hoy continua siendo sorprendente. Entre nosotros y los demás seres humanos de este mundo hay seis grados de separación.

    Y, en efecto, es un pensamiento profundo. Si pensamos solo en un determinado subgrupo de personas con las cuales tenemos bastante en común, de nuevo podríamos asegurar que el resultado es apenas sorprendente. Por ejemplo, doy clases en la universidad, y, como el mundo universitario está formado por un número relativamente pequeño de personas muchas de las cuales tienen bastantes cosas en común, para mi es relativamente sencillo imaginar como conseguir que un mensaje pase a través de una secuencia de colegas y llegue a cualquier otro profesor en cualquier lugar del mundo. Un razonamiento de este estilo podría convencernos de que puedo hacer llegar un mensaje a la mayoría de los profesionales que se han formado en la universidad y que residen o trabajan en el área de Nueva York. Pero esto no es, en realidad, el fenómeno del mundo pequeño, se trata mas bien de un fenómeno de grupo pequeño. Reivindicar el fenómeno del mundo pequeño es mucho mas que eso, es afirmar que puedo hacer que mi mensaje llegue a cualquier persona, aún en el caso de que no tenga nada en absoluto en común conmigo. Ahora el mundo pequeño nos parece ya mucho menos obvio, aunque solo sea por que la sociedad humana se halla escindida de modo tan profundo en función de las líneas de fisura que son las etnias, las clases, las creencias religiosas y las nacionalidades.

    Durante treinta años o más, mientras el fenómeno del mundo pequeño pasó de ser una conjetura sociológica a convertirse en un elemento del folclore de la cultura pop, la naturaleza real del mundo continua sujeta a debate, y su paradoja central, a saber, que personas en apariencia alejadas pueden estar en realidad muy próximas, continua siendo meramente eso, una paradoja. Pero durante estos últimos años hemos sido testigos de una eclosión de trabajos teóricos y empíricos, la mayoría realizados fuera del ámbito disciplinar de la sociología, que además de haber contribuido a esclarecer el fenómeno del mundo pequeño nos han sugerido que se trata de un problema mucho mas general de lo que se había llegado a reconocer. Este redescubrimiento en cierto modo del fenómeno del mundo pequeño ha conducido a plantear un conjunto aún mas amplio de cuestiones relativas a las redes que guardan relación con otras muchas aplicaciones en los ámbitos de la ciencia, del mundo de la economía y de la vida cotidiana.

    Y como tan a menudo ocurre en la ciencia y en la resoulción de los problemas cotidianos, el impaz se superó retomando una antigua pregunta y planteandola en una nueva dirección. En vez de preguntarnos por lo pequeño que es nuestro mundo la pregunta paso a ser: “Que llevaría a un mundo cualquiera, no solo el nuestro, a ser pequeño?”. Dicho de otro modo, en vez de salir a medir el mundo con meticulosidad extrema, lo que queremos es construir un modelo matemático de una red social a la que, en lugar de lo real, podamos someter a la presión de las matemáticas y del cálculo mediante ordenadores. Las redes de las que nos ocupamos de hecho se pueden representar con una simplicidad casi cómica mediante puntos trazados en una hoja de papel y enlazados por líneas. En matemáticas este tipo de objetos se denominan grafos y, como tuvimos oportunidad de ver, el estudio de los grafos es un tema que tiene varios siglos de historia a sus espaldas y sobre el cual se ha acumulado ya una amplia gama de conocimiento. Y esta es la cuestión. Si bien al hacer una simplificacion tan drástica perdemos de vista irremediablemente rasgos del mundo que en última instancia nos interesan y preocupan, podemos basarnos en cambio en una pletora de conocimientos y técnicas que nos permitirán abordar un conjunto de preguntas generales relacionadas con las redes que, de habernos sumido de entrada en toda la maraña de detalles nunca hubiéramos sido capaces de responder.

Referencias

  • Watts, D. (2006) Seis Grados de Separación. Editorial PAIDÓS. España

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