Coplas por la muerte de su padre

Siempre me resulto atractivo el echo de ver a la muerte como propulsora de las cosas que hacemos, o dicho de otra manera, pensar que nuestros miedos, nuestras acciones, la propia vida por que no, ontologicamente se ve impulsada por ese miedo multifacetico….

Coplas

¡Oh, mundo! Pues que nos matas,
fuera la vida que diste
toda vida;
mas según acá nos tratas,
lo mejor y menos triste
es la partida
de tu vida, tan cubierta
de tristezas, y dolores
muy poblada;
de los bienes tan desierta,
de placeres y dulzores
despojada.

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Con mi vida no me hallo
Por que estoy ya tan usado
de morir,
que lo sufro, muero y callo,
pensando ver acabado
mi vivir;
mi vivir que presto muera,
muera por que viva yo;
y muriendo
fenezca el mal, como quiera
que jamás no feneció
yo viviendo.

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Viviendo nunca podía
conocer si era vivir
yo por cierto;
sino el alma que sentía
que no pudiera sentir
siendo muerto.
Pues, Muerte, venid, venid,
a mi clamor trabajoso,
y matad y concluid
un hombre tan enojoso.

No tardes, Muerte, que muero;
ven por que viva contigo;
Quiéreme pues que te quiero
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.

No tengas tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo
que mi voluntad esta
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura.

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Ved de que tan poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdemos:
de ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados
que acaecen,
de ellas, por su calidad,
en los mas altos estados
desfallecen.

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Horacio

¡Oh, Delio! Has de morir;
procura siempre
en los arduos momentos de la vida
mantener en tu espíritu la calma,
la serena igualdad;
y en la alegría
moderar esos ímpetus altivos
de gozar.
Y ten esta armonía.
Ya vivas siempre triste
Ya en apartado prado,
En un día de fiesta
Muellemente tirado,
Te alegres saboreando las dulzuras
Del vino reservado.
¡Que dichoso es gozar
donde los altos pinos
y los plátanos blancos
se abrazan fuertemente
y te dan en su unión de enamorados
el fresco hospitalario;
allí donde su oído se recrea
escuchando el susurro ligero del arroyo que corre
y muerde con sus dientes cristalinos
la ribera!
Haz que lleven allí siervos selectos
el dulce vino y el ungüento suave
y delicadas rosas,
esas que tan temprano se deshojan.
Hay que gozar, Licinio, mientras dura la vida,
mientras la frágil suerte y las nefandas parcas
lo permitan.
Tendrás que abandonar tus posesiones,
Tu casa y esa villa
Que vuelca su silueta sobre el Tiber;
tendrás que abandonar a un heredero
el oro por quien tanto te desvives.
Poco valdrá que rico
hayas nacido del antiguo Inaco
o que mísero y pobre
sufras en la intemperie
el frió agudo de la larga noche:
“Victima igual serás
del orco inexorable y sin piedad”.
Todos hacia el marchamos
Y nuestros nombres saltan ya en la urna,

mas tarde o mas temprano
la triste suerte nuestra vida trunca,
y puestos en la barca del infierno,
surcaremos las ondas tenebrosas
rumbo a la cárcel del dolor eterno.